El reinado de la muerte.
En el transcurso de esta expedición no salvaron la vida ni la bella Inés de Atienza, acuchillada por orden del tirano, ni Fernando de Guzmán, proclamado por Aguirre Príncipe del Perú, independiente de España, ni el P. Henao, ni el mismo Aguirre, arcabuceado por sus propios marañones, por salvarse de la picota; ni su hija Elvira, acuchillada por su propio padre. El pensamiento de Aguirre fue de volver al Perú, derrocar al autoritarismo representado por el Virrey de turno y cualquier otra institución gubernativa, como la poderosa Audiencia de Lima. Con esto instaurar un orden nuevo dirigido por los conquistadores caídos en desgracia, agraviados, sin tener en cuenta su hidalguía y sus servicios. Este sueño moría en Barquisimeto, Venezuela. Sin los cronistas de Relatos ya enumerados, que informaron al mundo del episodio más alucinante de la conquista de América, Lope de Aguirre no contaría hoy día con una bibliografía tan extensa.
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